martes, 28 de octubre de 2008

Porque también este año vivimos peligrosamente


The year of living dangerously (1983) del australiano Peter Weir, resulta más que un tenso drama. Esta película bien puede pensarse como tablero de ajedrez. Cada pieza es de suyo un tema que alude a la ética del periodista en circunstancias candentes. De ahí que la responsabilidad del reportero y el secreto profesional susciten las siguientes preguntas: ¿todo comunicador es sólo un testigo de los hechos?, ¿puede ser el guía que está obligado a orientar a la comunidad?, ¿es posible que nunca traicione sus valores?, ¿cómo debe actuar cuando se enfrenta al peligro?, ¿cuál y cómo debe ser la relación entre los periodistas y el poder?, ¿es posible la libertad de expresión en el llamado Tercer Mundo?, ¿qué significa el derecho a la información?
Como miramos, hay tantas piezas como jugadas que nos ayudan a matar al rey. Sólo que no sabemos quién es el monarca ni de qué color es su bandera y al último el periodista no debe reconocer otro escudo más que la voz de todos aquellos que no la tienen. Por eso la actuación irreprochable de Linda Hunt encarnando a Billy Kwan, un fotógrafo que no logra deshacerse de su conciencia social, con-mueve al extremo de preguntarnos por qué y en qué momento el comunicólogo puede convertirse en activista. Seguramente Carlos Marín (por citar a uno de los reporteros más famosos de la "Vieja Guardia") podría decir que en sociedades violentas, el periodista por ningún motivo debe dejar que el corazón le gane como sucede con el pequeño Billy en Yakarta. Carmen Aristegui, por su lado, pensaría mucho antes de opinar al respecto.
Con todo, la cuestión central es esa pregunta que también señala Marcelo Figueras: "¿Qué debemos hacer?" A nuestro alrededor el crimen, y con él la cifra de comunicadores asesinados en México que ya rebasa a la Colombia y casi llega a la de Irak, impone un dilema ético que lamentablemente puede desanimarnos. Ahí está Alejandro Fonseca Estrada, locutor tabasqueño, que sin pertenecer a ningún partido político ni enarbolar banderas de ninguna especie, fue asesinado porque se le ocurrió, como al personaje de esta película, colocar una manta con la leyenda: "Alto al secuestro". Fición y realidad, miren el dúo.

2 comentarios:

Editorial Espejo dijo...

Muy interesante, es formidable la manera en la que comparas la realidad, la ficción y un juego de ajedrez. Desgraciadamente Yacarta y México son más parecidos de lo que se percibe. ¿Qué debemos hacer? diría Billy, ¿Qué debemos hacer?

Alma Karla dijo...

Es muy bueno preguntárnoslo, de entrada.